A partir de este acuerdo creemos que, como síntesis podríamos plantear los rasgos más relevantes de lo que debe ser el rol parental:
Las relaciones afectivas entre los adultos y los menores como base de toda la convivencia. Se trata de garantizar que el afecto pueda favorecer la confianza, y mantener la intensidad de las relaciones, por encima de las situaciones conflictivas y las dificultades.
El equilibrio y estabilidad emocional del adulto frente a posibles respuestas.
La tranquilidad, aunque en algún momento pueda ser difícil de mantener, es la clave para que los niños comprendan que los adultos están seguros de lo que exigen y que, a la vez, es inevitable cumplir con las normas propuestas. Por tanto deberán ser el reflejo de la seguridad de los adultos y su credibilidad en las normas. No es necesario responder con agresividad (castigos…) impaciencia (nervios, gritos..) sino con tranquilidad y serenidad.
La constancia y perseverancia en las exigencias y en las propuestas que se hagan será la síntesis para todo aprendizaje especialmente el cotidiano. Las normas son necesarias para el funcionamiento en una comunidad y serán una consecuencia lógica del modelo educativo que se asuma en la familia.
Según las culturas, estilos, puntos de vista pueden haber unas normas u otras pero, en el momento en que un niño o niña vive en una comunidad determinada, es preciso hacerle explicitas las normas que van a regir su vida. Por tanto además de responder a un modelo democrático, responderán al contexto cultural en el que este inmersa la familia aunque no sean las mismas que otros menores con los que convive.
La comunicación. Otro de los aspectos que debe ser clave en este proceso educativo es el lenguaje, entendido como fuente de estructuración del propio pensamiento y de comunicación.
El papel del adulto, en este campo, debería ser de modelo de cómo se establecen las relaciones y se puede comunicar y comprender.
El lenguaje concreta la idea, el sentimiento, lo puede explicitar y, posteriormente comunicar. Por ello será un elemento clave del desarrollo cognitivo y social.
Por tanto se trata desde las primeras edades de hablar, explicar, comentar y favorecer, con las explicaciones y los modelos adultos que haya una comprensión a la vez que se estimule la expresión.
Posibilitar la resolución de las necesidades Ciertamente el aprendizaje de normas, autonomía y del propio proceso evolutivo lleva, en muchos momentos, a situaciones poco adecuadas lo que genera en los adultos reacciones impacientes y a actuaciones que consideran como más eficaces y rápidas que si lo hacen los menores.
Evidentemente es necesario dejar hacer el aprendizaje, aunque comporte más lentitud e inconvenientes porque sin la experiencia no hay aprendizaje.
Tampoco se trata de considerar que hay errores sino de escuchar las explicaciones del porque se ha actuado de una manera determinada, de valorar el proceso seguido y no sólo el resultado. De esta manera se establecerá una confianza en los menores que repercutirá en un mejor proceso madurativo y en la prevención de otras dificultades.
En definitiva la estabilidad, la constancia y la coherencia serán factores altamente determinantes del rol de los adultos.
Para finalizar, podemos concluir manteniendo la obeservación de que la autoridad no es un estatus que se otorga “de facto” a unas personas (padre, madre, maestro,) ni a unos colectivos (profesorado, curas, policía, médicos…) por el sólo hecho de pertenecer a estas categorías. La autoridad es un rol que se ejerce de forma democrática, transparente, basado en la razón, el conocimiento y en la defensa de los derechos individuales y colectivos.
Por tanto el objetivo que se persigue con la autoridad familiar no va encaminado a evitar reacciones o pataletas sino a transmitir un mensaje que pueda ser adecuado a lo largo del proceso educativo
Por ello es imprescindible buscar caminos de diálogo y colaboración entre todos los que comparten la tarea educativa y orientadora a fin de consensuar unas pautas, coordinar recursos y actuaciones encaminadas a orientar el proceso educativo de los menores y ayudar a las familias.
Estos criterios deben ser el referente que constituya una base para actuar ante las diferentes situaciones y necesidades de los menores, siendo clave para este proceso, la responsabilidad y compromiso con el modelo educativo seleccionado por el padre y la madre como eje principal de la actividad familiar.
Es necesario tener en cuenta que estos modelos aquí planteados, no tienen un carácter teórico, sino que, ante todo, debemos ser coherentes y entenderlos como el sustento del rol parental tanto en situaciones de tranquilidad como ante situaciones de frustración o de rebeldía.
Esta coherencia es un factor determinante del equilibrio de los menores y sirve como factor de protección ante las dificultades que puedan presentarse tanto en los aprendizajes como en el proceso de socialización y de adaptación al entorno (Dentro como fuera del núcleo familiar).
También considero sumamente importante, tener en cuenta que si se trata de población con un cierto riesgo académico, y/o de dificultades personales estos criterios son aún más imprescindibles ya que, en muchos casos, la inestabilidad familiar y la inseguridad parentales constituyen otro factor de riesgo mayor en los menores.
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